Muchas personas terminan una bebida fría y, casi sin darse cuenta, empiezan a masticar hielo. Algunas lo hacen porque les resulta agradable la sensación de frío, otras por costumbre y otras simplemente porque disfrutan del sonido crujiente del hielo al romperse. Aunque pueda parecer un hábito completamente inofensivo, lo cierto es que puede tener consecuencias importantes para la salud bucodental.
En Clínica Dental Alberto Barreiro, en Carballo (A Coruña), atendemos con frecuencia pacientes que presentan pequeñas fracturas dentales, sensibilidad o daños en restauraciones provocados por este hábito. En este artículo te explicamos por qué no es recomendable masticar hielo, qué problemas puede ocasionar y cuándo es conveniente acudir al dentista.
¿Por qué masticar hielo puede dañar los dientes?
El esmalte dental es el tejido más duro del organismo, pero no es indestructible. Su función es proteger las capas internas del diente frente a los cambios de temperatura, la presión y el desgaste diario. Sin embargo, cuando sometemos los dientes a una presión excesiva, como ocurre al masticar hielo, aumentan considerablemente las posibilidades de sufrir daños.
El hielo es un material muy duro y poco flexible. Al morderlo, la fuerza se transmite directamente al esmalte, favoreciendo la aparición de pequeñas fisuras que, con el tiempo, pueden convertirse en fracturas visibles. Además, el contraste entre el intenso frío del hielo y la temperatura de la boca genera tensiones que también contribuyen al deterioro del esmalte.
La Cleveland Clinic advierte que este hábito incrementa el riesgo de fracturas dentales, sensibilidad y daños en empastes o coronas.
Principales consecuencias de masticar hielo
Fracturas y pequeñas roturas dentales
Una de las consecuencias más frecuentes es la aparición de pequeñas grietas o fragmentos desprendidos del diente. En ocasiones estas fracturas son tan pequeñas que pasan desapercibidas durante meses, hasta que aparece dolor o sensibilidad al comer.
Si la fractura alcanza la dentina o la pulpa dental, puede ser necesario realizar tratamientos más complejos como reconstrucciones estéticas, endodoncias o incluso colocar una corona.
Desgaste del esmalte
El esmalte dental no tiene capacidad de regenerarse. Cada pequeña pérdida es irreversible y deja el diente más vulnerable frente a las caries, la sensibilidad y el desgaste.
Si quieres conocer otros hábitos que ayudan a mantener unos dientes sanos, te recomendamos leer nuestro artículo sobre la xerostomía y sus efectos sobre la salud bucodental.
Sensibilidad dental
Muchas personas que acostumbran a masticar hielo comienzan a notar molestias al consumir alimentos fríos, calientes o dulces. La pérdida progresiva del esmalte deja expuesta la dentina, que transmite con mayor facilidad los estímulos al nervio dental.
Esta sensibilidad suele ser uno de los primeros síntomas de que existe un problema y conviene acudir a revisión antes de que aparezcan lesiones más importantes.
Rotura de empastes, coronas y carillas
No solo los dientes naturales pueden dañarse. Las restauraciones dentales, como empastes, coronas o carillas, también pueden fracturarse debido a la presión que ejerce el hielo.
Según la American Dental Association (ADA), evitar hábitos como morder hielo contribuye a prolongar la vida útil de los tratamientos dentales.
¿Puede afectar también a la mandíbula?
Sí. Al masticar hielo, los músculos encargados de la masticación trabajan con una intensidad muy superior a la habitual. Esto puede sobrecargar la articulación temporomandibular (ATM), favoreciendo molestias mandibulares, dolores de cabeza e incluso empeorar el bruxismo.
Si ya padeces este problema, te recomendamos leer nuestro artículo sobre cómo detener el daño dental provocado por el bruxismo.
¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de masticar hielo?
En algunos casos no se trata únicamente de una costumbre. Existe un trastorno denominado pagofagia, caracterizado por el deseo constante de comer o masticar hielo.
La pagofagia puede estar relacionada con déficits de hierro o determinados tipos de anemia, aunque también puede aparecer asociada al estrés o la ansiedad. Si notas una necesidad continua e incontrolable de masticar hielo, además de acudir al dentista, es recomendable consultar con tu médico para descartar posibles alteraciones.
¿Cómo abandonar este hábito?
Eliminar esta costumbre es la mejor forma de proteger tus dientes. Algunas recomendaciones sencillas son:
- Dejar que el hielo se derrita en la boca en lugar de morderlo.
- Pedir bebidas sin hielo cuando sea posible.
- Sustituir la necesidad de masticar por alimentos saludables como zanahoria o manzana.
- Mantener una buena hidratación.
- Consultar con un profesional si el hábito resulta difícil de controlar.
La importancia de acudir a revisiones periódicas
Muchas lesiones provocadas por masticar hielo comienzan siendo prácticamente invisibles. Durante una revisión dental es posible detectar pequeñas fisuras, desgastes del esmalte o restauraciones deterioradas antes de que aparezcan síntomas importantes.
Además, si presentas molestias al abrir la boca o dolores mandibulares, conviene realizar una exploración para descartar problemas relacionados con la ATM o el bruxismo.
También puede interesarte conocer más sobre otra afección frecuente en la cavidad oral en nuestro artículo sobre los hongos en la boca: causas, síntomas y tratamiento.
Solicita tu revisión en Clínica Dental Alberto Barreiro
Si tienes la costumbre de masticar hielo, notas sensibilidad dental, has observado una pequeña fractura en un diente o hace tiempo que no realizas una revisión, en Clínica Dental Alberto Barreiro estaremos encantados de ayudarte.
Una revisión periódica permite detectar los problemas de forma precoz y aplicar tratamientos conservadores que protejan tu sonrisa durante muchos años.
Pide tu cita en Clínica Dental Alberto Barreiro, en Carballo (A Coruña), y deja que nuestro equipo valore el estado de tu salud bucodental con un diagnóstico completamente personalizado. Tu sonrisa te lo agradecerá.